Gabriel Zea

artist

Puntos por montón [2016]

Gramática

Puntos por montón opera como un sistema generativo de otras obras de arte, dado que sigue unas reglas específicas y una gramática que garantiza su funcionamiento:

  1. Todas las acciones serán públicas (incluyendo los procesos que generalmente no se muestran en las actividades creativas).
  2. El espacio de exhibición se usará como espacio de producción.
  3. La participación del público deberá ser activa.
  4. La interacción del público con las piezas de la exhibición marcará la dirección tanto del medio a usar como del contenido de las siguientes obras a producir.
  5. El ciclo de producción, exhibición y participación continuará a lo largo del tiempo asignado para la muestra.
  6. Todas las acciones se documentarán en vídeo, fotografía y/o datos.

Puntos

Unos puntos autoadhesivos de color magenta ubicados en una pared se convierten en los principales dispositivos de interacción del público con la obra. Los puntos pueden ser retirados de la estructura para ser adheridos a las fichas técnicas de las piezas en exhibición, las cuales tienen un lugar demarcado para recibirlos. La interacción también puede ser remota, fotografías de las piezas son publicadas en redes sociales, cada interacción (likes, comentarios, etc.) se entenderán como un punto. Los puntos se contabilizan regularmente. Un reporte es producido y publicado luego del conteo, en el que se discrimina el número de puntos por pieza exhibida.

El gusto está materializado en los puntos. Estos dispositivos habitan los espacios comerciales del mundo del arte cotidianamente, intentan pasar desapercibidos pero su significado los hace relucir: Aquella obra que los porta está fuera del mercado, ya fue adquirida o está en proceso de serlo. El punto brilla pues en él se materializa nuestro fetiche sobre las mercancías, ese producto ya no podrá ser nuestro. En algunos eventos la acumulación de puntos parece garantizar calidad de las obras, nubes de puntos hipnotizan a los compradores, a más puntos más ventas en últimas más gusto sobre las obras.

Sus puntos, es decir su gusto, es un factor de alienación del trabajo del artista. Cada punto cuenta. Ya sea que la pieza le guste por el contenido o por que le combina con el color de las cortinas de la sala, su gusto es uno de los factores que guía el trabajo del artista que participa en el mercado del arte. La supervivencia del artista se debe en parte en la capacidad de despertar la mayor cantidad de gustos posibles. Los puntos son parte de los complejos mecanismos de generación de valor simbólico y económico en el mercado del arte.

El artista es un trabajador libre. Su tiempo, energía y medios de producción le pertenecen. El artista no es un ser alienado por el sistema. El artista nos recuerda a todos que es posible un trabajo libre, que nos permita crecer personalmente. ¡Larga vida a la Bohemia! Y a sus vidas excéntricas que nos permiten imaginar otra forma de vivir.

¡Aquí sus puntos si cuentan!

El artista se compromete a seguir la voz del público. Las obras que se produzcan en la sala serán las que al público le gusten. Un diverso grupo de piezas se producen previamente a la apertura de la muestra. Semanalmente las piezas se enfrentarán entre ellas: las que más puntos acumulen sobreviven y estimularán la producción de nuevas obras en el mismo camino. Las que menos puntos reúnan se retirarán del espacio expositivo. Al final del proceso solamente una serie de obras sobrevivirá.

La imagen del artista que persiste en el inconsciente colectivo es la del virtuoso creador de finales del siglo XIX y principios del XX. La realidad del trabajador del arte contemporáneo es extremadamente diferente. Los artistas deben responder a un diverso número de presiones que vienen de diferentes instancias del universo artístico: tendencias estilísticas que imponen coleccionistas y curadores, temáticas propuestas por agendas políticas materializadas en concursos de carácter público, tendencias del mercado local y global, son algunas de las fuerzas que se ejercen sobre el artista trabajador y que contribuyen a moldear las relaciones de poder que alienan el supuestamente libre trabajo del artista, quien hoy no es más que un proletario de la cultura y sus frágiles condiciones de trabajo no distan de las de otros obreros de sectores productivos diferentes.

Puntos por montón intenta visibilizar algunas de las estrategias que contribuyen a la precarización del trabajo artístico. La sala de exposiciones alberga el espacio de producción del artista. Los horarios de trabajo están controlados por medio de un sistema de tarjetas que sirven de registro de la hora de entrada y salida, cada una firmada por el guardia de turno. Hay metas preestablecidas, semanalmente una nueva versión de la exposición debe montarse reemplazando algunas de las obras preexistentes. Los puntos son tanto el dispositivo de interacción como el causante de la precarización del trabajo del artista. Cada punto contribuye a exigir al artista la creación de nuevas piezas en un sentido específico, además de permitir que el resto de elementos del sistema cobren sentido al ser la entidad que los pone en movimiento.